¿Cuáles son las predicciones?
¿Por qué las predicciones se oponían al árbol?
¿Quién predice?
¿Cómo hace el árbol para ir en contra de lo que se esperaba de él?
¿Dónde está el árbol?
Una mañana de lunes, igual a muchas mañanas.
Con las prisas de los lunes, pero fría porque es de invierno. Una radio encendida, los vehículos avanzando sobre la ciudad somnolienta. Una mañana plagada de las repeticiones de mis mañanas. Y sin embargo el mundo reclama a gritos que vuelva a mirarlo.
El olor del café se cuela con más intensidad, una nena me saluda animadamente desde un colectivo. La humedad se desliza por los vidrios y una flor se abre moviéndose ante mis ojos imperceptiblemente. El asfalto está empapado aun sin haber llovido, una semilla se desprende de un árbol.
Quien podría pensar que esa bellota que cae en mi vereda por el viento del invierno, guarda escondido un inmenso roble donde podrían anidar pájaros, trepar chicos, caminar en línea muy recta y ascendente las hormigas, enredarse la hiedra y hacer sus colores los musguitos.
Podría ser, pero para ser sinceros lo más posible es que no llegue a ser roble. Ahora esta bellota es la imagen de la fragilidad, se puede romper por un paso en falso de alguien, puede tener un dudoso final en algún centro de mesa familiar, puede volarse sobre el cemento y ahogarse en un charco y ahí si chau roble.
La bellota no piensa en si misma, pero yo la pienso y adivino el árbol.
Esa es la razón, pienso, de todo esto en que andamos: ver en cada semilla el árbol, contra todos los pronósticos, militar el optimismo aun en un mundo en franca desforestación.
Para eso estamos; Para ver la semilla, darle tierra fértil, esperar pacientes a que germine, ser tutor para que el tronco crezca, ponerla al reparo del sol para que no la queme, darle agua si tiene sed. Y saber que cuando el árbol crezca muchos se refugiaran en su sombra.
Valeria Castro
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