Reflexiones acerca de “Frankenstein Educador” de Phillippe Meirieu
- "Por favor, preguntó Alicia ¿Qué camino debo tomar?
Eso depende de adónde quieras ir”.
Alice's adventures in wonderland L.Carrol.
Revolución Copernicana en Pedagogía
Con sus observaciones Copernico revolucionó no sólo el campo de la astronomía, sino sobre todo la forma de pensar y pensarse a sí mismos de los hombres. Digamos, que tuvimos que enfrentarnos a la dura noticia de no ser el centro del Universo.
¿Qué tendrá que ver la astronomía y el giro copernicano con la educación?
La revolución copernicana en pedagogía propuesta por Phillipe Meirieu exige movimiento. Un movimiento que devele un nuevo Universo que implique nuevas prácticas.
Me parece que Meirieu nos está diciendo que ya está bien de recetas y de parches y de psicologismos y que el revolucionar implica subvertir en profundidad un orden bastante autoritario de las cosas del que todos los actores educativos somos parte. Que es momento de reconocernos herederos, también los profes, de una historia que podamos entender y resignificar para que el presente sea algo más; “que algo que nos pase”, desafiarnos a nosotros mismos a aceptar al otro como un otro que por suerte “se me va de las manos” y al aprendizaje como una aventura en la que no todo ha sido concluido de antemano.
La revolución copernicana en pedagogía exige mucho de cada uno de nosotros porque nos anima a cuestionar nuestros prejuicios y modelos mentales y contrastar la práctica que declamamos, con lo que hacemos. Porque a nosotros mal que nos pese también “nos fabricaron” en algún punto y tenemos en nuestras manos la responsabilidad de no repetir esos mecanismos generadores de frustración y dependencia.
Había una vez.
En los relatos, cuentos, mitos y leyendas está grabada nuestra historia, la explicación que fuimos encontrándole al mundo.
Phillpe Merieu se encarga de retomar algunos de esos relatos para repensar ese vínculo que une a dos sujetos; el educador con el estudiante.
A través de la historia de Frankenstein Meirieu va a metaforizar el mecanismo de la educación como fabricación.
Mary Seilly esboza el argumento de Frankenstein, cuando en una noche de tormenta, en una reunión de amigos, hacen un concurso a ver a quién se le ocurre la historia más terrible, y ella relata la historia del doctor Frankenstein, que trata de fabricar a otro.
El doctor Frankenstein junta pedazos de muertos, y les da vida, para que sean como él quiere que sean; él quiere ser el creador del otro. Y dice Philippe Meirieu que algo de nuestra tradición pedagógica se puede interpretar desde esta clave de Frankenstein; la escuela trata de fabricar al otro con cachos de muertos, que son las prácticas sedimentadas, materias escolares, donde están las voces de gente que antes de nosotros nos dijo qué eran las Matemáticas, las Ciencias, y que el otro sea como yo quiero que sea, “el buen alumno” “el perfil del egresado”... Y dice este autor que allí hay un gesto profundamente autoritario de la escuela, que es el de fabricar al otro como ella quiere que sea. Pero el relato continúa, y nos recuerda que el doctor Frankenstein, cuando le da vida a esta criatura, se asusta de lo que creó, y entonces lo abandona. No le da un nombre – porque Frankenstein se llamaba el doctor – no le enseña a hablar, no le enseña las expectativas de la sociedad en la cuál está inserta, y así es que esa criatura, abandonada a sí misma, se transforma en un monstruo que termina siendo asesinado por la comunidad.
Dice Meirieu que la escuela oscila entre estos dos gestos autoritarios: o le impongo al otro un modo de ser, o lo abandono. Y algo de lo que hemos transitado en la escuela argentina de los últimos años es: o le imponemos al otro nuestra voluntad, que es la marca de la dictadura, y de la cultura nacional que ha gestado las dictaduras (el exterminio del diferente como solución) o los dejamos abandonado: “con este chico no se puede”.
Según Meirieu, educar implica movilizar todo lo necesario para que el sujeto entre en el mundo y se sostenga en él, se apropie de los interrogantes que constituyen a la cultura humana que lo precede (aun en estos tiempos de vertiginosas transformaciones). Es necesario crear “espacios seguros” en los que un sujeto pueda atreverse a “hacer algo que no sabe hacer, para aprender a hacerlo”. Se trata de construir estos espacios como marcos posibles para el aprendizaje y, de poner a disposición de los que aprenden una energía capaz de movilizarlos hacia los saberes.
La transmisión supone una reconstrucción por parte del sujeto, de saberes y conocimientos que deberá inscribir en su proyecto logrando dilucidar de qué manera contribuyen a su desarrollo.
La invitación es dejar una marca perdurable en el otro, sin anularlo.
Es nuestra responsabilidad como educadores generar en el otro el deseo de aprender, estando a la par de él, registrando su diferencia. Estar del mismo lado que el estudiante posicionándose en el proceso y no en el resultado.
Las exigencias son muchas, o pocas según se las lea, el cambio es en realidad muy profundo; Dejar de pensarnos como el centro del universo, cuestionarnos para generar una reflexión permanente de la práctica profesional y comprender que hay muchos puntos de vista posibles si ayudamos a cada otro a apropiarse de su educación.
Veinte preguntas abiertas al profesorado
1.- ¿Para renunciar a fabricar a otro, tengo que se autónomo y crítico respecto de mi propia formación y práctica?
2.- ¿Por qué es necesario revolucionar la educación?
3.- ¿Cómo propiciamos reflexiones que no sean sólo formales, sino que impliquen un cambio cultural?
4.- ¿Cómo hago para enseñar si tengo muchísimos más contramodelos que modelos?
5.- ¿Cómo motivo al estudiante?
6.- ¿y a mi, quien me motiva?
7.- ¿Cómo hago significativo el contenido para el estudiante?
8.- ¿Cómo hago para construir conocimiento junto con los estudiantes y no enseñar lo que ya sé? (Cómo me sorprendo)
9.- ¿Cómo puedo detectar mis prejuicios y limitaciones?
10.- ¿Puedo llevar propuestas innovadoras a una institución conservadora?
11.- ¿El cambio de paradigma puede iniciarse mediante iniciativas aisladas?
12.- ¿La formación que recibimos posibilita la práctica reflexiva?
13.- ¿Las exigencias de la revolución copernicana en pedagogía son aplicables a la enseñanza de arte?
14.- Si muchos de los preceptos de Meirieu parecen obvios ¿por qué parece tan utópica su aplicación?
15.- ¿Alcanza el deber ser para modificar la práctica educativa?
16.- ¿Cómo acompaño al estudiante en un proceso de autonomización?
17.- ¿De qué modo pido a la escuela que ponga a disposición todo lo necesario para que un sujeto entre en el mundo y se sostenga en él?
18.- ¿De qué manera la escuela permite que los alumnos se apropien de la cultura?
19.- ¿Qué pasa cuando la escuela se ubica en el lugar de de producir conflictos respecto de los saberes cotidianos?
20.- ¿Cómo trabajo con una clase numerosa sin homogeneizar a los alumnos?
Alice's adventures in wonderland L.Carrol.
Revolución Copernicana en Pedagogía
Con sus observaciones Copernico revolucionó no sólo el campo de la astronomía, sino sobre todo la forma de pensar y pensarse a sí mismos de los hombres. Digamos, que tuvimos que enfrentarnos a la dura noticia de no ser el centro del Universo.
¿Qué tendrá que ver la astronomía y el giro copernicano con la educación?
La revolución copernicana en pedagogía propuesta por Phillipe Meirieu exige movimiento. Un movimiento que devele un nuevo Universo que implique nuevas prácticas.
Me parece que Meirieu nos está diciendo que ya está bien de recetas y de parches y de psicologismos y que el revolucionar implica subvertir en profundidad un orden bastante autoritario de las cosas del que todos los actores educativos somos parte. Que es momento de reconocernos herederos, también los profes, de una historia que podamos entender y resignificar para que el presente sea algo más; “que algo que nos pase”, desafiarnos a nosotros mismos a aceptar al otro como un otro que por suerte “se me va de las manos” y al aprendizaje como una aventura en la que no todo ha sido concluido de antemano.
La revolución copernicana en pedagogía exige mucho de cada uno de nosotros porque nos anima a cuestionar nuestros prejuicios y modelos mentales y contrastar la práctica que declamamos, con lo que hacemos. Porque a nosotros mal que nos pese también “nos fabricaron” en algún punto y tenemos en nuestras manos la responsabilidad de no repetir esos mecanismos generadores de frustración y dependencia.
Había una vez.
En los relatos, cuentos, mitos y leyendas está grabada nuestra historia, la explicación que fuimos encontrándole al mundo.
Phillpe Merieu se encarga de retomar algunos de esos relatos para repensar ese vínculo que une a dos sujetos; el educador con el estudiante.
A través de la historia de Frankenstein Meirieu va a metaforizar el mecanismo de la educación como fabricación.
Mary Seilly esboza el argumento de Frankenstein, cuando en una noche de tormenta, en una reunión de amigos, hacen un concurso a ver a quién se le ocurre la historia más terrible, y ella relata la historia del doctor Frankenstein, que trata de fabricar a otro.
El doctor Frankenstein junta pedazos de muertos, y les da vida, para que sean como él quiere que sean; él quiere ser el creador del otro. Y dice Philippe Meirieu que algo de nuestra tradición pedagógica se puede interpretar desde esta clave de Frankenstein; la escuela trata de fabricar al otro con cachos de muertos, que son las prácticas sedimentadas, materias escolares, donde están las voces de gente que antes de nosotros nos dijo qué eran las Matemáticas, las Ciencias, y que el otro sea como yo quiero que sea, “el buen alumno” “el perfil del egresado”... Y dice este autor que allí hay un gesto profundamente autoritario de la escuela, que es el de fabricar al otro como ella quiere que sea. Pero el relato continúa, y nos recuerda que el doctor Frankenstein, cuando le da vida a esta criatura, se asusta de lo que creó, y entonces lo abandona. No le da un nombre – porque Frankenstein se llamaba el doctor – no le enseña a hablar, no le enseña las expectativas de la sociedad en la cuál está inserta, y así es que esa criatura, abandonada a sí misma, se transforma en un monstruo que termina siendo asesinado por la comunidad.
Dice Meirieu que la escuela oscila entre estos dos gestos autoritarios: o le impongo al otro un modo de ser, o lo abandono. Y algo de lo que hemos transitado en la escuela argentina de los últimos años es: o le imponemos al otro nuestra voluntad, que es la marca de la dictadura, y de la cultura nacional que ha gestado las dictaduras (el exterminio del diferente como solución) o los dejamos abandonado: “con este chico no se puede”.
Según Meirieu, educar implica movilizar todo lo necesario para que el sujeto entre en el mundo y se sostenga en él, se apropie de los interrogantes que constituyen a la cultura humana que lo precede (aun en estos tiempos de vertiginosas transformaciones). Es necesario crear “espacios seguros” en los que un sujeto pueda atreverse a “hacer algo que no sabe hacer, para aprender a hacerlo”. Se trata de construir estos espacios como marcos posibles para el aprendizaje y, de poner a disposición de los que aprenden una energía capaz de movilizarlos hacia los saberes.
La transmisión supone una reconstrucción por parte del sujeto, de saberes y conocimientos que deberá inscribir en su proyecto logrando dilucidar de qué manera contribuyen a su desarrollo.
La invitación es dejar una marca perdurable en el otro, sin anularlo.
Es nuestra responsabilidad como educadores generar en el otro el deseo de aprender, estando a la par de él, registrando su diferencia. Estar del mismo lado que el estudiante posicionándose en el proceso y no en el resultado.
Las exigencias son muchas, o pocas según se las lea, el cambio es en realidad muy profundo; Dejar de pensarnos como el centro del universo, cuestionarnos para generar una reflexión permanente de la práctica profesional y comprender que hay muchos puntos de vista posibles si ayudamos a cada otro a apropiarse de su educación.
Veinte preguntas abiertas al profesorado
1.- ¿Para renunciar a fabricar a otro, tengo que se autónomo y crítico respecto de mi propia formación y práctica?
2.- ¿Por qué es necesario revolucionar la educación?
3.- ¿Cómo propiciamos reflexiones que no sean sólo formales, sino que impliquen un cambio cultural?
4.- ¿Cómo hago para enseñar si tengo muchísimos más contramodelos que modelos?
5.- ¿Cómo motivo al estudiante?
6.- ¿y a mi, quien me motiva?
7.- ¿Cómo hago significativo el contenido para el estudiante?
8.- ¿Cómo hago para construir conocimiento junto con los estudiantes y no enseñar lo que ya sé? (Cómo me sorprendo)
9.- ¿Cómo puedo detectar mis prejuicios y limitaciones?
10.- ¿Puedo llevar propuestas innovadoras a una institución conservadora?
11.- ¿El cambio de paradigma puede iniciarse mediante iniciativas aisladas?
12.- ¿La formación que recibimos posibilita la práctica reflexiva?
13.- ¿Las exigencias de la revolución copernicana en pedagogía son aplicables a la enseñanza de arte?
14.- Si muchos de los preceptos de Meirieu parecen obvios ¿por qué parece tan utópica su aplicación?
15.- ¿Alcanza el deber ser para modificar la práctica educativa?
16.- ¿Cómo acompaño al estudiante en un proceso de autonomización?
17.- ¿De qué modo pido a la escuela que ponga a disposición todo lo necesario para que un sujeto entre en el mundo y se sostenga en él?
18.- ¿De qué manera la escuela permite que los alumnos se apropien de la cultura?
19.- ¿Qué pasa cuando la escuela se ubica en el lugar de de producir conflictos respecto de los saberes cotidianos?
20.- ¿Cómo trabajo con una clase numerosa sin homogeneizar a los alumnos?

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